Deforestación en la Selva Maya

Fernando Colchero, Dalia A. Conde

La Selva Maya, parte fundamental del “Hot Spot” mesoamericano (Myers et al 2000), se han visto sujetas a dichos procesos en los últimos 30 años. La gran diversidad de fauna y flora de esta región (1.7% de plantas endémicas a nivel global y 4.2% de vertebrados) lo hace el segundo Hotspot de mayor importancia después del de los bosques tropicales Andinos.

La gran porción de la zona conocida como el “Arco Maya”, corresponde a las áreas protegidas de México, Guatemala y Belice:. la Reserva de la Biosfera Maya en Guatemala, el Parque Nacional Sierra del Lacandón, el Área de Conservación y Manejo Río Bravo así como el complejo de Reservas asociadas al Río Chiquibul, ambas en Belice.

El estado de conservación de dichas reservas no es uniforme debido a que la situación social y política a lo largo de las mismas es extremadamente variable (Rodstrom et al. 1998). Igualmente, las zonas no protegidas varían considerablemente en el nivel de degradación al que se han visto sujetas por actividades humanas (Nations et al. 1998). Se ha estimado que la tasa de deforestación a lo largo de las Selvas Mayas ha alcanzado 80,000 ha al año (Nations et al 1998). Las principales causas del deterioro ambiental en la zona son la explotación maderera ilegal, por la creación de potreros para ganado y por el uso de actividades agrícolas no sostenibles (Rodstrom et al. 1998).

Como una estrategia para establecer los límites para mantener los ecosistemas que constituyen este mosaico de hábitats, es necesario abordar el problema desde una perspectiva espacial, considerando aspectos biológicos y sociales. En este sentido, se han llevado a cabo esfuerzos para determinar el impacto de las actividades humanas en ciertas áreas de la región ((Geoghegan et al 2001, Klepeis y Turner II 2000, Turner II et al 2001). Sin embargo, en ninguno de estos casos se ha incorporado el efecto de éstas en las especies animales y de qué forma se podrían atenuar los mismos.Para esto, es de suma utilidad encontrar especies que, por su impacto en el ecosistema o por las características de sus requerimientos de hábitat, sirvan como indicadores para identificar amenazas para la biodiversidad y para establecer aquellas áreas con mayor potencial para ser protegidas. En este sentido, los grandes felinos, por sus requerimientos de hábitat y el impacto que tienen a nivel trófico, resultan especies paraguas idóneas para el diseño de áreas de protección y corredores. Es por esto que hemos elegido al jaguar, el mayor depredador en las Selvas Mayas, como el indicador más sensible para dicho análisis (Miller y Rabinowitz 2002). Se han realizado estudios previos para la protección de la especie a lo largo del continente (Sanderson et al. 2002).

Como una parte fundamental del análisis de dichos procesos es importante entender la dinámica tanto espacial como temporal de los mismos. Las comunidades y ecosistemas naturales se encuentran sujetos a una gran variedad de procesos que modifican su estructura y composición (Sprugel 1991). Cambios en estas variables provocados por procesos naturales, tales como fuegos, huracanes, tormentas, etc., son considerados como parte de la dinámica natural del paisaje (Turner et al. 2001). Se ha llegado a la conclusión que estas alteraciones son relativamente discretas, por lo que su duración se limita a cortos periodos de tiempo (White y Pickett 1985).
A diferencia de los cambios de origen natural, la influencia de las actividades humanas tiende a seguir una dirección específica así como mantenerse por largos periodos de tiempo. El resultado es un aumento en la tasa de deforestación, una importante simplificación de la estructura y la heterogeneidad de paisajes naturales, así como una dramática disminución de la biodiversidad (Saunders et al. 1991, Bender et al. 1998). No es de sorprenderse que, por consiguiente, las actividades de explotación de origen humano estén consideradas como los principales promotores del cambio (Pimm y Askins 1995, Cowlinshaw 1999, Bélanger y Grenier 2002).

En este sentido, la deforestación es el evento más notorio de dicho cambio.
Esta deforestación amenaza una gran variedad de especies tanto animales como vegetales. Como mencionamos anteriormente, es necesario establecer el estado de conservación de estos ecosistemas por medio del uso de especies tanto indicadoras como paraguas, tales como el jaguar. En este sentido, se han desarrollado métodos estadísticos para determinar qué constituye hábitat adecuado para especies de interés. Los Árboles de Clasificación y Regresión (CART, por sus siglas en inglés), han demostrado ser una herramienta por demás apropiada para este tipo de análisis (Guisan and Zimmermann 2000).

Combinando estas y otras técnicas propias de análisis espaciales como el Análisis de costo mínimo, hemos establecido el impacto por deforestación en los últimos diez a veinte años en la región del Petén Guatemalteco y el norte de Belice sobre el hábitat del jaguar. Hemos caracterizado dicho hábitat y hemos establecido las principales vías de posible conexión entre los fragmentos de hábitat.