Date:October 15, 2012
Estamos en su territorio

Estamos en su territorio, tal vez él intuya de alguna manera nuestra presencia, no lo sabemos; lo que sí sabemos es que en cada árbol, en cada rincón de la hojarasca, en cada encrucijada que dibuja la selva, sentimos la omnipresencia del jaguar.

La selva parece infinita, es agreste y desdeñosa, la selva no acoge a los intrusos, los envuelve y crece dentro de ellos y de repente, sentimos un rumor dentro del pecho, un rumor húmedo y perenne, el murmullo de lo silvestre.

Un equipo integrado por fotógrafos, camarógrafos, escritores, científicos y conservacionistas habíamos emprendido una aventura singular, íbamos en busca del Señor de las Selvas Mayas, el jaguar.

México es un país único, un mosaico de escenarios que se suceden sorpresivamente, Así que fue sólo cuestión de horas lo que nos había llevado transitar entre la ciudad más grande del mundo hasta una gran extensión de selva tropical en Quintana Roo. Las selvas mayas que han llegado hasta nuestros días y que conforman el macizo tropical más importante de Norteamérica, se extienden en la Península de Yucatán, en México hasta Belice y Guatemala y en donde desde hace varios años se lleva un sólido proyecto de conservación.

Entrar en los territorios del señor de la selva nos devuelve de inmediato la humilde sensación de ser un peregrino que se interna en un reino desconocido, un dominio que impone sus propias reglas y que nos convoca al silencio.

Para un ser esencialmente urbano, una de las cosas más difíciles de entender (y especialmente, de practicar) es el silencio. Con nosotros, llegó el estrépito de voces ajenas a la selva, de un ir venir entre los vehículos y las tiendas del campamento, de equipo de campo y provisiones descargadas, de un entusiasmo sonoro y difícil de ocultar.

Muchos de nosotros nos estábamos iniciando en los misterios de la selva con una misión tan poco común que sonaba antiguamente irreal, rastrear y capturar a un jaguar dentro de sus dominios.
Lo que a nosotros nos parecía una increíble aventura, para los integrantes del proyecto se había convertido a lo largo de los años en un trabajo cotidiano, aunque nunca exento de magia.

Cuatro organizaciones habían unido esfuerzos desde 1995, para estudiar y conservar los territorios del jaguar en la península de Yucatán. Trabajar en conjunto nunca es fácil y las organizaciones al igual que los jaguares tienen que definir bien su territorio. De esta manera Unidos para la Conservación, A.C., con Carlos Manterola al frente, coordina el proyecto, tanto en los aspectos técnicos, como administrativos; Gerardo Ceballos y otros investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, tienen a su cargo la investigación científica; mientras que Antonio Rivera, director de Ecosafaris, es responsable de la operación del campamento y la captura.

Se había convertido en una experiencia del equipo de campo al que acompañaríamos, con la Durante la reunión Tony Rivera, a cargo de la operación de captura, nos explicó detalladamente el procedimiento de búsqueda, seguimiento, captura y liberación del jaguar. Por otra parte, Carlos Manterola, de Unidos para la Conservación, nos puso al tanto de algunos detalles del proyecto de conservación que se lleva en el lugar. Sin embargo, nuestra sensación era la de participar en una gran aventura. Muy pocas personas han tenido el privilegio de observar un jaguar en su hábitat natural, demasiado excitados para dormir, y dejamos transcurrir la noche de la selva, pero tarde o temprano, la selva se nos fue adentrando y cada uno de nosotros quedamos en silencio, estar en la selva, aún dentro de un campamento bien equipado, acalla cualquier voz, aún las internas.

Es cuando podemos escuchar por primera vez las múltiples voces de la selva y nos dejamos envolver por el cifrado lenguaje del aire entre las ramas, del ritmo misterioso del agua condensada en cada hoja, de indescifrables murmullos. Poco a poco, uno aprende a escuchar las diversas voces de la selva, su voz profunda por las noches, su alta voz de las mañanas.